En una esquina de la alcaldía de Iztacalco, desde hace varios años una tienda de disfraces se (re)apropió de un espacio olvidado, destinado originalmente a albergar una caseta de policía que hoy está abandonada y cerrada permanentemente. Alrededor de ella disponen los disfraces que venden, en un acomodo que nunca se repite.
El espacio se adapta a la temporada del año, las efemérides próximas o los fenómenos mediáticos de moda; y la elección y el despliegue de disfraces ofrece una vista a diversos aspectos de la sociedad contemporánea mexicana: los estereotipos de género para reforzar las diferencias y el consumo, la influencia de las producciones extranjeras en la construcción de las preferencias y las aficiones, la percepción de los eventos históricos mexicanos como entretenimiento y la construcción de tradiciones a través de la repetición y la espectacularidad.








